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Potencia tu resilencia ante el estrés

Hay situaciones traumáticas que realmente nos impactan durante bastante tiempo y afectan a la salud mental y a consecuencia tenemos estrés.

Por resiliencia se entiende a la capacidad de una persona para recuperarse de los momentos difíciles o a la capacidad para enfrentarse a los desafíos.

De hecho, el origen de la palabra significa algo así como «acto de rebote» ya que deriva de «resiliens» que significa «retroceder» o «rebotar».

Mientras que algunas personas tienen una capacidad aparentemente natural para recuperarse de la adversidad, otras no. Pero no hay de qué preocuparse porque la resiliencia es una cualidad que se puede aprender.

Aprender a ser resiliente nos ayuda a fortalecernos. Con cada desafío de la vida se pueden desarrollar nuevas habilidades y formas de lidiar con la vida. Saber que se es resiliente puede ayudarte a desarrollar la fuerza para seguir una vida más tranquila.

Las mejores aliadas de la resiliencia son la flexibilidad y la adaptabilidad, cualidades que son fundamentales a la hora de afrontar problemas, y que nos ayudan a cuidar tanto de nuestra salud física como de nuestra salud mental.

¿Qué es la resiliencia?

La vida por desgracia no viene con manual de instrucciones, y ante muchos de los problemas que se nos presentan no sabemos qué hacer.

Hay situaciones traumáticas que realmente nos impactan durante bastante tiempo, cosa que afecta a nuestra salud mental y aumenta los niveles de estrés, por suerte puedes comprar tus medicamentos que necesites para reducir tus niveles de estrés en una farmacia a domicilio Querétaro, se encargaran de llevar tus artículos hasta la puerta de tu casa.

Cada cambio afecta a las personas de manera diferente, trayendo a las mentes una amalgama de pensamientos y emociones fuertes llenas de incertidumbre que afectan tanto a la salud física como a la mental.

Sin embargo, y con ayuda del tiempo, las personas normalmente se adaptan bien a estas situaciones que cambian la perspectiva de la vida o que provocan estrés, y esto es, en parte, gracias a la resiliencia.

¿Qué NO es resiliencia?

Ser resiliente no significa que no te angusties o que no te preocupen las dificultades de la vida. Cuando una persona sufre grandes adversidades o traumas suele experimentar dolor emocional y estrés, y su salud física y su salud mental se ven perjudicadas.

De hecho, es posible que el camino hacia la resiliencia implique una importante angustia emocional.

Es cierto que algunas personas muestran esta capacidad de una manera natural, pero esto no quiere decir que sea un rasgo que posean solo algunas personas.

Es más, la resiliencia implica comportamientos, pensamientos y acciones que cualquiera puede aprender y desarrollar.

Esto significa que la resiliencia es una capacidad ordinaria, no extraordinaria, y, por tanto, se aprende, no se nace con ella.

Potenciar la resiliencia

Aumentar la propia capacidad de recuperación ya sea refiriéndonos a la salud física o a la salud mental, o a ambas, requiere de tiempo e intencionalidad.

Tienes que ser consciente de que estás en el proceso de ser más resiliente. Para ello, es importante centrarse en cuatro pilares principales: la conexión con tu entorno, el fomentar bienestar personal, el pensamiento saludable y encontrar la motivación, los cuales pueden empoderarte para resistir y aprender positivamente de las experiencias difíciles.

fuerte estrés en casa

No te obsesiones con los pensamientos negativo

La verdad es que esto es más fácil aconsejarlo que ponerlo en práctica, pero es cierto que si podemos controlar nuestros pensamientos, especialmente los negativos, podemos encauzar más positivamente las situaciones adversas.

Estos pensamientos negativos no sólo nos mantienen preocupados, ansiosos y angustiados, afectando a nuestra salud mental y a nuestra salud física, sino que además tememos a las consecuencias negativas que pueden aparecer y esto nos frena para avanzar.

Es el miedo a que suceda «lo peor», a que el peor de los escenarios que nos imaginamos se haga realidad.

De alguna manera, creemos que pensar en todo lo que puede salir mal nos ayudará a encontrar una solución positiva, pero no podemos estar más engañados.

Normalmente estamos tan atrapados en los pensamientos negativos que perdemos de vista que debemos solucionar ese problema que nos trae de cabeza.

Sé optimista

Hay momentos en los que las cosas se ven grises, o incluso negras, y otras en las que todo se ve de color de rosa tendrás un fuerte dolor de cabeza por pensar que es lo que haces mal.

Pero no hay que olvidar (por muy manido que suene) que en los momentos más difíciles también hay cosas buenas, aunque sea una y pequeña.

Tener esperanza en que las cosas mejorarán, dar importancia a esas cosas buenas que todos tenemos en nuestras vidas, te mantendrá moviéndote en esa dirección.

Buscando esa luz de lo positivo. Hay cosas que saldrán bien y otras que saldrán mal, pero incluso cuando las cosas no salen como quieres hay que ver que ese camino tortuoso te lleva a un lugar diferente en el que también puedes sacar cosas positivas.

Y tal vez ese cambio haya sido mejor a la larga, y tal vez hayas descubierto también cosas de ti mismo que ignorabas.

Romina Regil

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