Una taza de té de manzanilla y otros remedios herbales. Un jarabe “natural”. Un suplemento de valeriana para dormir. Un antigripal comprado en la farmacia. Tal vez ibuprofeno para el dolor. Todo parece bastante cotidiano. Y ése es precisamente el problema. Cuando algo se vende sin receta o viene de una planta, solemos colocarlo mentalmente…
